Feminismo: ¿lucha transversal de la izquierda?

Las militantes de organizaciones progresistas se cansaron de los discursos inclusivos. Denuncian inacción ante el acoso y abuso de sus compañeras. ¿Qué prácticas excluyentes se deben erradicar de estos espacios?

Kimberly Cañizares
Politóloga y militante feminista

Por Kimberly Cañizares

Quizás el prejuicio que se ha mantenido al indagar en este tema en especial, se deba a un intento por pretender no desacreditar a la lucha feminista, ni a “la izquierda” de nuestro país. Pero, no podemos dejar de lado que debemos realizar críticas internas en cada uno de nuestros espacios de militancia, partidos políticos y movimientos sociales. Debemos preguntarnos una y mil veces si realmente consideramos al feminismo como la lucha transversal que debería ser en cada una de las disputas políticas, económicas, culturales y sociales de la agenda progresista.

El feminismo, al posicionarse como una lucha en contra de las desigualdades de género  que responden a problemas estructurales históricamente establecidos, debe direccionarse a una perspectiva revolucionaria y popular. Es, justamente, el feminismo quien visibiliza las discriminaciones y violencias que sufrimos las mujeres por parte de un sistema capitalista y patriarcal, posicionándonos en una situación de desventaja tanto en la esfera privada como en la esfera pública.

Es a partir de la esfera pública que nos direccionarnos a la esfera de la política, la cual llega a convertirse en un campo de batalla para las mujeres que deseamos acceder a ella en alguna de las múltiples formas de hacer política, ya sea en un puesto de toma de decisiones, el ser parte de un movimiento político u organización social, etc.

En cuanto al acceso a puestos de toma de decisiones, la ya bien conocida Ley de Paridad de Género o Ley de Cuotas hace su aparición siendo entendida la paridad como un derecho para que mujeres y hombres accedan en igualdad de condiciones a distintos espacios de poder o de toma de decisiones. Esta ley es el resultado de años de lucha de distintos movimientos de mujeres con el objetivo de democratizar el escenario político para que incluya de manera equilibrada, la presencia, intereses y necesidades de hombres y mujeres en el quehacer estatal. Sin embargo, en la práctica, estos puestos asignados a mujeres -en algunas ocasiones- se conciben tan solo como puestos de relleno para completar las listas de candidatos. Esto, debido a la concepción que muchas veces se tiene acerca del liderazgo femenino, desde  una clara visión machista que nos asigna un rol de cuidadoras serviles en la esfera privada, anulando nuestras habilidades de liderazgo y toma de decisiones. Esta realidad convierte a la Ley de Cuotas en una clara herramienta para camuflar la desigualdad estructural aún existente.

En cuanto a otras formas de hacer política, la militancia dentro de organizaciones sociales y movimientos políticos toma un papel fundamental en este artículo, dado que muchas de las veces llegan a ser espacios machistas con una nula responsabilidad en cuanto a seguridad y aprendizaje feminista. Allí, a las compañeras se les niega la participación en procesos de liderazgo o toma de decisiones, se cuestiona su vida sexual o sentimental anulando las capacidades y habilidades necesarias para acceder a estos espacios. De esta manera, se refleja -una vez más- el machismo tan arraigado dentro de nuestras filas.

El ponerse un pañuelo morado o verde no ayuda a que nos sintamos más seguras si no logran responder de manera correcta a denuncias de acoso o abuso dentro sus espacios. El poner en duda nuestras vivencias no cambia que sus prácticas continúen siendo irresponsables y desatinadas. De ese modo, solo logran que muchas mujeres vulneradas abandonemos nuestros propios espacios por inseguridad, miedo o tan solo frustración por el abuso sistemático que sufrimos.

El feminismo es mucho más que una “moda” o una plataforma política para alcanzar puestos de poder. La  apropiación real de esta lucha nos da herramientas reales de cambio.

Tenemos que repensarnos, deconstruirnos e ir entendiendo que -como militantes de izquierda- esta lucha también nos corresponde. Debemos analizar los micromachismos que reproducimos día con día, convertir los espacios de militancia en espacios cómodos, seguros e inclusivos para todas las minorías. Debemos ser sororas, cuestionarnos, denunciar y cuidarnos entre todos. Solo así lograremos continuar con procesos de trasformación revolucionarios teniendo claro que el capitalismo y el patriarcado van de la mano y son el verdadero enemigo de toda la izquierda.

Transversalicemos la izquierda!

Publicado por Voces

Investigación y periodismo. Contamos historias.

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