Autopoiesis judicial en el Ecuador

Una creación con identidad suicida.

OPINIÓN | 05/08/2020

Por Pablo Rojas Erazo*

A primera vista, el título del presente artículo tiene un alto contenido académico, incluso para algunos, rozando en el esnobismo intelectual, pero en realidad nada es lo que parece sin la debida explicación.

La palabra “autopoiesis” se deriva de la etimología griega, auto: Así mismo y poiesis: Creación. Entonces, tenemos que la autopoiesis es la cualidad de un “algo” de crearse a sí mismo. Es un concepto propio de la biología, por tanto, ese “algo” es un ser humano, un organismo, un microorganismo o cualquier ente con vida propia. Fue incorporada por el chileno Maturana y su discípulo Varela en su libro “De máquinas y seres vivos” en el año 1973, cuyas características principales eran su autonomía (autorreferencia) y su interdependencia (no rechazan la incidencia externa, pero la gestiona el sistema interno).

Ahora bien, ¿cómo es que un modelo exclusivo de las ciencias naturales pudiera llegar al Derecho? Hay un salto integrador que lo da el alemán Niklas Luhmann en 1984 con su obra Sistemas Sociales. En ella, el autor propone una teoría de los sistemas sociales con una capacidad autorreferencial autopoiético, esto es, que existen sistemas que se diferencian de su entorno a través de procesos propios (autopoiéticos), cuya finalidad esencial es reducir la complejidad de tantos sistemas operando en el universo mediante la comunicación (lo social).

 ¿Es autopoiético el sistema judicial en el Ecuador? En la comunidad académica es todo un debate: Que si lo social es comunicacional (Luhmann), que si son modelos autopoiéticos o alopoiéticos (Neves), que si el Derecho es autopoiético (Teubner), etc, etc.. Sin embargo, a partir de la norma constitucional podríamos encontrar un paralelismo con los teóricos:  El Art. 167 de la Constitución de la República del Ecuador menciona que “La potestad de administrar justicia emana del pueblo y se ejerce por los órganos de la Función Judicial y por los demás órganos y funciones establecidos en la Constitución.” Esto se traduce en la posibilidad que tiene el sistema judicial de instaurar sus propias reglas para el funcionamiento de su estructura.

Luhmann además menciona que la comunicación selecciona, es decir, incluye o excluye a sus participantes. Incluye a todos los operadores que administran justicia y excluye a todos los demás. ¿Los creadores de la norma estarían incluidos o excluidos? ¿Se puede administrar justicia sin una norma creada por otro sistema “legislativo”? La respuesta es deducible: Es el propio sistema quien selecciona a sus miembros, no son los miembros los que seleccionan al sistema judicial (aunque el hombre del maletín se empeñe en mostrarnos lo contrario). Por tanto, los creadores de la norma están excluidos del sistema judicial en la medida que tienen su función en el sistema legislativo, pero con un vínculo de comunicación entre ellos, la ley. Sin embargo, para un sistema judicial autopoiético, la creación de la ley no es un obstáculo porque en su ausencia se encontraron maneras más eficientes de resolver las carencias legislativas mediante fuentes de derecho válidas en la legislación ecuatoriana: la jurisprudencia, la doctrina, la costumbre.

Estamos ingresando a un terreno peligroso, al de la famosa “independencia judicial” con sus dos enfoques comunes: Independencia con otras funciones vs. Independencia en la jerarquía orgánica de la función judicial. De la primera, se desprende un conflicto eterno entre funciones del estado que bien podría ser superada por un enfoque dialógico entre funciones (Gargarella) y de la segunda, que es la que nos interesa en la autopoiesis judicial, se ocupa de todas las instituciones y relaciones jurídicas entre miembros de una misma función judicial, incluido el juez y su formación. Eso sí, evitando caer en el corporativismo judicial que tanto nos recomienda Uprimny.

Dar un vistazo a la función judicial ecuatoriana como creadora de su propia suerte es entender que los engranajes del modelo están fallando en todos los niveles: desde la conformación de sus miembros, pasando por un bajo desempeño funcional y culminando en la penosa actuación de los operadores de justica.  Entre las contrariedades que más destacan tenemos:

Autopoiesis orgánica:

– Miembros designados bajo concursos de méritos y oposición sin garantías: Léase a un secretario presidencial mencionando telemáticamente que fue el gobierno quien designó a una Fiscal General “valiente”.

– Corte Constitucional como guardiana de intereses políticos: Según la agenda, se reaviva el filtro constitucional.

– Consejo de la Judicatura sancionador:  Los servidores judiciales lo perciben como un verdadero reclusorio con el miedo como instrumento de trabajo.

– Jueces constitucionales de primera instancia sin bagaje constitucional: Urgen unidades especializadas en materia de garantías jurisdiccionales.

Autopoiesis funcional:

– Burocrática administración de justicia: Importa más la forma que el fondo.

– Se prioriza la cantidad de causas sobre la calidad de sentencias: Según dicen son indicadores de “eficiencia”.

– Exclusión de la academia en debate jurídico: La universidad forma abogados, luego sálvese quien pueda.

Autopoiesis individual:

– Falta de capacitación en operadores de justicia:  No se puede instruir en Derecho con trípticos.

– El Derecho supranacional es un mito: La agenda de los jueces no alcanza para normas vinculantes internacionales.

– La doctrina y la jurisprudencia solo son para los nerds judiciales: El hábito de lectura se extravió en las facultades de Derecho.

Esos son tan solo un aperitivo del banquete de errores judiciales que hacen de la autopoiesis de la justicia una figura de Uróboro, la serpiente que se come su cola en un eterno ciclo y con un esfuerzo infructuoso por avanzar. Y es que en un modelo que pudo nacer con buenas intenciones, creado a sí mismo pero a semejanza de otros, el movimiento de su cabeza está a la retaguardia de su objetivo, siempre con una tendencia suicida. No olvidemos que los sistemas intentan ajustarse con el entorno en lo que se denomina acoplamiento estructural, pero con un poder ejecutivo nulo, un poder legislativo en decadencia, lo más conveniente debería ser tomar distancia y acoplar recursos judiciales endógenos para actuar, caso contrario, se estarán dando pasos firmes hacia la destrucción del sistema judicial en el Ecuador. Valdría decir que el error inexcusable no es exclusivo de un funcionario, sino del sistema judicial en general: su propio funcionamiento.

¿Cuáles serían las alternativas? La autopoiesis judicial para completar su ciclo debe regenerar su parte orgánica, funcional e individual en aras de su objetivo social. Esto es, como hemos dicho, reducir su complejidad mediante una administración de justicia imparcial, que no se levante la venda para sondear a quiénes juzga, ni mantenga la balanza adulterada en plena especulación del capital. Parece una propuesta factible, pero, ¿por qué no se ha logrado consolidar? Pues, precisamente, porque cuando se habla de reestructuración de la función judicial, se piensa en edificios de lujo (y entendemos sin sobreprecio); se repasa en cambiar de nombres, pero no de prácticas, cuando de lo que se trata es de capacitar técnicamente al personal y humanizar colectivamente a la función judicial, acercarla a la sociedad y a sus problemas, en total sintonía con la conciencia social.

En consecuencia, sólo la voluntad propia de la función judicial podrá transformar su realidad y conformar un bloque con plena identidad: una administración de justicia que sea el lenguaje de un pueblo orgulloso de sus instituciones. (O)

* El autor es abogado, egresó de la maestría en Ciencia Política y Sociología de FLACSO Argentina.

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Publicado por Voces

Investigación y periodismo. Contamos historias.

Un comentario en “Autopoiesis judicial en el Ecuador

  1. Pablito, felicitaciones me gustó tu Articulo, Comparto mucho de lo que dices. Tambien es criticable el sistema en cuanto a los propios abogados en “libre” ejercicio, la mayoría somos pasivos y seguimos un camino ya trazado en vez de activar la justicia en causas sociales y proponer soluciones que permitan solucionar parte de los problemas que planteas.

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