El ‘chulco’, una historia de dolor y angustia

ACTUALIDAD | 28/07/2020

Al igual que miles de ecuatorianos, Teresa y Luis cayeron en la trampa de los usureros. Un préstamo rápido y sin requisitos se convirtió en una pesadilla que aún los atormenta. Ella perdió la paz y a él le quitaron su casa.

Teresa Rodríguez no duerme. La paz de los días y las noches le fueron arrebatadas, así como su proyecto de vida, el que alguna vez se animó a soñar. Con la voz entrecortada, recuerda las difíciles circunstancias que la obligaron a acudir al ‘chulco’.

En 2004, comenzó la pesadilla. Una de sus hijas sufrió un grave accidente que la mantuvo tres meses en coma en la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Militar de Quito. La factura quebró por completo las finanzas familiares, la suma total a pagar ascendía a los USD 29.000. Teresa no tuvo opción y decidió golpear la puerta de un ‘chulquero’ que solo le ofrecía beneficios, pero jamás le advirtió sobre las consecuencias.

Malcom no era un vecino común, el prestamista era un ciudadano de origen británico radicado en Loja. Su método era el mismo, obligaba a firmar letras por el monto otorgado y otra letra en blanco a modo de garantía. Los préstamos a favor de Teresa llegaron a USD 4.500. Un año después, se enteró que tenía una demanda en su contra por una deuda que rozaba a los USD 25.000. Hoy, ese monto supera los USD 80.000.

Cada mañana, Teresa toma su medicación oncológica y se dirige a la Universidad en la que trabaja. Mientras bebe café, recuerda cómo este drama del chulco destruyó su matrimonio. No se acabó el amor, sino el respeto. Todas las culpas del préstamo retumban en sus oídos.

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El cáncer se desarrolló al ritmo de su penar. La enfermedad afectó su ánimo, sufre de melancolía y cansancio. Pero su motor, dice, siguen siendo sus tres hijas y sus cuatro nietos, que la vuelven esa mujer tenaz e invencible.

Ella salvó su vivienda porque está constituida como patrimonio familiar. Sin embargo, la familia no volvió a ponerle un clavo por temor a perderla. Los juicios por insolvencia y quiebra aún no lograron arrebatársela.

En 2012, demandó al chulquero por usura, la acompañaron otras 23 víctimas del mismo hombre. El día de la audiencia de llamamiento a juicio, uno de los abogados defensores aplazó el encuentro y el prestamista se fugó a Perú. Al mismo tiempo, sus dos letrados estaban en el Municipio traspasando el dominio de las propiedades. Hasta ahora la alertas rojas no sirvieron, Malcom disfruta la vida prófugo e impune.

Ojalá Teresa vuelva a ascender sin miedo por el mirador La Pradera. Ojalá, ese día, Mariela, Andrea, Joaquín, Diana, Camilo, Emilio y Noelia puedan ver los ojos de esa invencible mujer, por fin, brillando de felicidad.

Testimonio de las víctimas de los chulqueros

La historia se repite con Luis Caiza, un adulto mayor radicado en El Blanqueado, al sur de Quito. En el año 2002, el hombre acudió a Segundo R., un popular chulquero que residía en la zona; necesitaba USD 500 para expandir su taller de reparación de bicicletas y los bancos y cooperativas le exigían un ingreso fijo. El personaje era un exmilitar de apariencia confiable, que le brindó la cantidad requerida y lo obligó a firmar la letra de cambio en blanco, como es de costumbre entre los usureros.

Al poco tiempo, la madre de Luis enfermó y acudió nuevamente al prestamista, esta vez por USD 1.000 y con el mismo método. Aunque el primer préstamo ya había sido cancelado, aquella letra desapareció como por arte de magia. El chulquero dijo que la letra se traspapeló y prometió romperla o quemarla apenas la encontrara. Luis confió.

Luis asegura que le pagó diez cuotas del último préstamo y que, cuando quiso pagar la penúltima, no volvió a ver a Segundo, desapareció. Fue en reiteradas oportunidades a su casa, incluso, quiso cancelar las dos cuotas pendientes a la esposa del prestamista, pero ella siempre se rehusó a cobrarle, aduciendo que su esposo le había indicado que después hablaría con él.

Tres años después, un depositario judicial llegó a su domicilio para hacer un avalúo de la propiedad. Ese día, Luis se enteró que su ‘chulquero’ de confianza le arrebataría su casa.

Don Segundo había vendido las dos letras de cambio al presunto testaferro Hugo Plazarte, quien inició el juicio ejecutivo. Dicen que la casa esquinera, que tenía tres pisos y un subsuelo -realmente- valía USD 124.000, pero la perito judicial determinó que la vivienda ubicada sobre la avenida Maldonado costaba apenas USD 29.000.

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La familia sufrió dos desalojos en 2009. El primero, ocurrió el 24 de septiembre; el definitivo, el 31 de diciembre. En medio de la algarabía del barrio por despedir al Año Viejo, a Luis lo esperaban 20 patrulleros, decenas de policías y militares y personas armadas con cuchillos y barras metálicas.

Se mudaron a una pequeña vivienda que estaba construyendo una de sus hijas, a una cuadra del lugar. Hasta aquel día, la economía familiar había sido estable y próspera. Los Caiza vivían de su trabajo en el almacén y taller de bicicletas, de su local de almuerzos y del arriendo de dos pisos de la propiedad.

El sueño de ver a sus hijas profesionales se derrumbó por completo. El dinero no alcanzaba ni para comer. Luis aún llora al recordar que destruyeron su proyecto de vida. La pareja de esposos necesitó dos años de terapia para no enloquecer. En una década, jamás recibieron la diferencia a favor que le correspondía por el remate de la vivienda. Desde entonces y hasta ahora, se mantienen gracias a la ayuda de sus hijas y yernos.

Mientras tanto, Hugo Plazarte enfrentó 279 denuncias por usura. Luis Caiza le ganó un juicio aunque no se siente victorioso. En su caso, lo sentenciaron a 5 años de prisión y, todavía, no lo capturan. El año pasado, Luis fue sometido a una cirugía a corazón abierto, dice que es por el sufrimiento de tantos años.

Si algún día el viento sopla a su favor, Luis promete impulsar un emprendimiento familiar para recompensar a su familia por lo que hizo por él en estos diez años. Porque, a pesar de las dificultades, María Olga, Maritza, Alisson, Matheo, Amanda, Cristopher,  Kevin y Adriana, jamás lo dejaron caer, lo mantuvieron de pie.

Asume que está llegando al ocaso de su vida y lamenta sentir  que una justicia que llega tarde es más parecida a una injusticia. Es que el próximo 31 de julio, a las 10 de la mañana, participará de un plantón en el Consejo de la Judicatura porque su verdugo, el exmilitar Segundo R., fue citado a la audiencia preparatoria de juicio.

El Tribunal Sexto de Garantías Penales le pidió al Consejo de la Judicatura  investigar el caso de Luis e iniciar el juicio de usura contra el chulquero. Fueron diez los fiscales que cambiaron en esta causa. Juran que a Don Segundo no lo pudieron citar antes. Aún hoy, sus víctimas siguen exigiendo justicia.


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Publicado por Voces

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