En defensa de la educación pública

Reflexiones urgentes sobre un ajuste que atenta contra el futuro.

Por Voces

Mayo nos demostró que vivimos en el país del corto plazo. El Gobierno decidió quitarle 98 millones a las universidades y suprimir el bachillerato internacional de los colegios públicos. ¿La excusa? No hay dinero. La recaudación de impuestos cayó, es cierto, y aun así preferimos pagar la deuda a los organismos internacionales, algo que no hicieron otros países de la región.

El coronavirus llegó a Ecuador para mostrarle a la sociedad lo frágil que puede ser la imagen de un Gobierno que no pone sus esfuerzos en atender a los más necesitados. ¿Se puede hablar de crimen de Estado? Deberían existir las pruebas, muchas de las cuales ya están viendo luz en medio de investigaciones que apuntan a desentramar compras con sobreprecios que habrían realizado funcionarios sin pudor. Todo sucedió mientras los  medios nacionales e internacionales mostraban con horror a los muertos regados en las calles de Guayaquil.

Y no es que la prensa deba ser pesimista, pero es difícil buscar aciertos donde solo vemos errores. Un crimen de Estado también puede ocurrir cuando un Gobierno ejecuta políticas que tienen como destino la miseria planificada.

El Gobierno asume y repite que en Ecuador el 60 por ciento de sus trabajadores labora en la informalidad. La emergencia sanitaria por Covid-19 fue el cristal más claro para observar a lo que se exponen los ciudadanos que no cuentan con un seguro médico y que carecen de un ingreso fijo. Esas personas viven a diario la angustia de quedarse en casa, pero sin pan y sin trabajo.

Esta foto de la realidad no resultó suficiente, y el gobierno decidió utilizar la tijera allí donde más duele, en el futuro. La educación sufrió un ajuste que asfixia a las universidades. Aplicó un recorte presupuestario que apunta al rubro destinado al pago de salarios docentes, lo que obliga a las casas de altos estudios a quitar recursos de otras áreas para tapar el enorme socavón de sus finanzas. Hay rectores que hablan de despedir profesores, reducir cupos de ingreso para los estudiantes, aplicar el cierre de carreras y eliminar becas. Ninguna opción es buena, al contrario, una resultaría más cruel que la otra.

¿Por qué llegamos a este punto? ¿Qué decisiones se dejaron de tomar para atacar a quienes más necesitan? Hay varias respuestas posibles, una de ellas es que se dejó de cobrar el anticipo del impuesto a la renta, que iba a un fondo que financiaba directamente a las universidades. Otra explicación podría estar en que la Asamblea todavía no logró aplicar un impuesto del 2% a las empresas de ecuatorianos que tienen domicilio registrado en paraísos fiscales. ¿Tan difícil puede ser pretender cobrarle impuestos a los que cuentan su dinero por millones?  En un país con justicia social, no lo sería.

Con este panorama, el dinero tiene que salir de los que menos tienen. De ese 40 por ciento de trabajadores que tienen ingresos fijos (que serán recortados en breve), de retirar los subsidios a los combustibles, o de ajustar en todas las áreas que tengan que ver con la seguridad social.

Y ¿cómo pretenden que la economía del país se levante? Parece ser que el futuro no es importante y que Ecuador seguirá dependiendo del precio vapuleado del petróleo, del banano, el atún, los camarones y las flores. El valor agregado que podría otorgar el conocimiento aplicado no es visto como una fuente de ingresos. El país tiene empañados los lentes.

Entonces, las calles seguirán repletas de jóvenes cuyas mascarillas no podrán frenar sus gritos de indignación. Las manifestaciones serán respetando las distancias y portando carteles con leyendas que permanecerán en la memoria: “no hipotequen nuestro futuro”. Esos jóvenes que hoy luchan lo hacen para no ser parte del 60 por ciento que aguarda en sus casas con las ollas vacías.

Un Gobierno que recorta en educación, sin pensar en el futuro de las próximas generaciones, quedará para la historia como el que dejó a su pueblo sumido en el hambre y la ignorancia.

Publicado por Voces

Investigación y periodismo. Contamos historias.

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