Muchos caminos hacia la igualdad

El feminismo es una construcción diversa que no debe dar lugar a la exclusión. ¿Cuáles son las claves para escapar de ciertos sectarismos y fomentar el activismo por la igualdad de género?

Abogada, especialista en género y derechos humanos

Por María Dolores Miño

El viernes pasado tuve el honor de ser invitada a hablar en un evento de conmemoración sobre el 8M, que estaba dirigido a hombres y mujeres de las fuerzas de seguridad del país. El evento me marcó mucho, no solo por los testimonios de las mujeres que integran esos cuerpos de seguridad, sino porque me llevó a reflexionar sobre la necesidad de valorar todos los esfuerzos que se hagan por avanzar en la igualdad de género. Esto es especialmente necesario, en un momento donde se ha vuelto tendencia menospreciar cierto tipo de activismos, y se desmerece el aporte de algunos/as promotores/as en esta lucha, llegando incluso a hablarse de “verdaderas” o “falsas” feministas. Hoy, como siempre, es necesario que todas las voces sean escuchadas, pero sobre todo, igualmente valoradas y respetadas. Aquí algunas reflexiones:

1. Hay muchos caminos para fomentar la igualdad

Durante sus intervenciones, algunas mujeres policías y bomberos usaban frases como “a pesar de que las mujeres somos más frágiles, hemos podido hacer este trabajo”, o “no queremos un trato privilegiado, sino ganarnos nuestros espacios porque nos lo merecemos”. Estas afirmaciones, para muchas activistas y defensoras -me incluyo- en principio causarían resistencia, porque desde nuestro lugar de lucha hemos superado hace rato el estereotipo de la supuesta fragilidad de la mujer y sabemos que, en ciertos casos, un trato diferenciado es necesario para ejercer adecuadamente nuestros derechos. A pesar de esas imprecisiones -producto del lugar distinto donde se desenvuelven estas mujeres- no es posible negar su importante aporte a la igualdad: sin discursos, sin jurisprudencia, sin artículos académicos lograron abrirse campo en espacios tradicionalmente masculinos, donde seguramente habrán sufrido ostracismo, acoso y hasta discriminación. Gracias a ellas, y a su valentía para romper estereotipos, las generaciones que vengan no tendrán que probar que las mujeres podemos y deberíamos siempre integrar las instituciones de la fuerza pública. Y eso vale tanto como ganar un caso sobre igualdad en una corte, o pasar años escribiendo una disertación sobre feminismo. Todo suma.

2. Hay muchas formas de hacer activismo feminista

Un reto grande a la hora de explicar sobre la importancia de luchar por la igualdad de género es lograr que incluso quienes no trabajan estos temas lo puedan entender. Yo había planeado una exposición donde hablaría sobre los estándares internacionales que debe observar la fuerza pública a la hora de atender e investigar casos de violencia contra la mujer; venía armada con una lista de los casos de la Corte Interamericana que me encanta citar, y con varias frases rebuscadas, como “control convencional”, “escrutinio estricto” y “categoría sospechosa” para dirigirme a mi audiencia.  Pero encontré un auditorio donde había hombres y mujeres con una formación profesional muy distinta a la mía, donde incluso había jóvenes de colegio que difícilmente entenderían de leyes. Tuve que simplificar mi discurso, usando ejemplos desde la cultura pop, y hasta haciendo bromas para captar su interés.  Porque ese espacio no estaba ahí para que yo saque a relucir lo que sé, sino para que los asistentes -especialmente hombres- salieran un poco más conscientes de lo necesarias que son las luchas por la igualdad. Al finalizar el evento, varios y varias jóvenes policías se acercaban a preguntarme sobre bibliografía y recursos para “aprender más sobre estos temas”, y eso para mí fue una pequeña victoria, porque logré que se interesen en algo que quizás hasta ese día les era indiferente o que incluso les causaba resistencia.

Por este tipo de reacciones, creo firmemente en la diversidad del activismo feminista. Creo que son tan necesarias las voces de defensoras, juristas y académicas, como de las artistas de Hollywood denunciando acoso en las entregas de premios,  las Tik Tokers e Instragrammers subiendo historias con sus pañuelos verdes y las mujeres que graffitean monumentos como forma de protesta:   porque si ellas, desde sus diferentes formas de hacer feminismo,  logran que ciertos públicos que tradicionalmente rechazaban esta lucha se interesen y hasta participen en el debate, han hecho bastante por la causa. No hay mejores ni peores formas de hacer activismo por nuestros derechos, solo hay activismos diferentes, igualmente valiosos y muy respetables. Esto, por supuesto, aplica al activismo en todos los temas.

3. Honrar a las otras mujeres como una forma de activismo

Posiblemente uno de los momentos más conmovedores de la jornada fue cuando mi co-panelista Margarita Carranco (toda una institución del feminismo ecuatoriano) hizo un sencillo ejercicio con todos los presentes: nos pidió que hiciéramos una reverencia para honrar y agradecer a las mujeres de la fuerza pública, cuya sola presencia en esas instituciones suponía un avance en la ruptura de estereotipos tradicionales sobre los roles de género. El ejercicio fue conmovedor pero, además, un ejemplo de coherencia por parte de ella, una feminista que lleva años en la lucha.  Y es que no podemos hablar de igualdad si menospreciamos a quienes deciden hacer esta lucha de forma diferente a la nuestra. No podemos hablar de no discriminar cuando directa o indirectamente pretendemos excluir del debate a personas o grupos que no hacen las cosas a nuestro modo. Por supuesto, no es necesario suscribir con todas las ideas de todas las feministas para ser considerada como tal; tampoco es necesario recurrir a las mismas herramientas, discursos, formas y estrategias para que nuestra lucha sea válida. No podemos invalidar cualquier iniciativa a favor de la igualdad de género, solo porque esta no aborda los temas que uno quiere, en la forma en la que a uno le gusta. Eso difícilmente es ser coherente con la promoción de la diversidad. En este sentido, el surgimiento de voces que tratan de venderse como “verdaderas feministas” resulta nocivo para la causa, no solo porque inhibe a muchas personas valiosas de ser parte del debate, sino porque demuestra incoherencia sobre los valores que dicen defender.

Publicado por Voces

Investigación y periodismo. Contamos historias.

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