¡Feminismos populares o barbarie!

Cuando hablamos de violencia de género tenemos que prestar atención a las desigualdades materiales que nos atraviesan. Las mujeres de los barrios y áreas rurales deben ser protagonistas en la lucha por la equidad.

Activista feminista popular

Por Pamela Viteri

Voy a empezar este artículo diciendo que me gustaría no ser yo quien escriba esto, porque creo profundamente en la construcción de los feminismos populares y en el protagonismo que deben asumir nuestras compañeras de los barrios. Ojalá pronto sean ellas, a las que no solo les atraviesa el patriarcado, sino la clase y la etnia, quienes hablen de lo que son los feminismos populares y por qué es urgente su construcción.

El feminismo desde una perspectiva popular y revolucionaria tiene un rol fundamental dentro de los procesos de emancipación para las mujeres, pues ha sido el movimiento que visibiliza las discriminaciones y violencias por parte de un sistema patriarcal, pero que además permite superar las desigualdades materiales, ya que contribuye a la distribución equitativa de la riqueza y busca condiciones justas para el pleno desarrollo de todas y todos (FARC- EP, 2017).

Las desigualdades de género responden a una estructura histórica que se ha venido solidificando, la estructura de poder que se refleja a través del patriarcado y sus prácticas culturales reflejadas en el machismo han colocado a la mujer en una situación de desventaja, tanto en los ámbitos privados como públicos. Es así como se han normalizado e institucionalizado normas que constituyen un modelo social de dominación y subordinación que nos somete a una forma de convivencia patriarcal, basada en la autoridad masculina.

Esta subordinación se ve reflejada en los ámbitos sociales, culturales y políticos, pero, sobre todo, en lo económico. Una consecuencia de esto es la división sexual del trabajo y su incidencia sobre la discriminación laboral, desvalorización e invisibilización de las varias actividades económicas-productivas realizadas por mujeres que configuran soporte material para la reproducción de la vida y la fuerza de trabajo.

Sin embargo, a las mujeres no nos desvaloriza solo el patriarcado, sino también el capitalismo y, por tanto, la lucha es contra esta estructura sistemática que nos atraviesa, nos precariza, nos golpea y nos mata. El feminismo debe tomar en cuenta la lucha anticapitalista como una de sus principales aristas, pues de nada sirve que haya mujeres que accedan a los espacios de poder si son ellas quienes ahora pasarán a explotar a nuestras compañeras, eso es la feminización de la explotación.

Tal como lo plantea María de Jesús Martínez, el capitalismo nos está matando a las mujeres y tenemos que organizarnos en cada una en nuestras comunidades y barrios, en el campo y en la ciudad. Y para esto, es necesario trascender de los discursos bonitos que nos han inspirado a muchas, pero ya hay que superar esa etapa, basta de teorizar sobre la revolución, empecemos a organizarla por donde caminemos.

Continuemos con los procesos de transformación revolucionarios que desafían las lógicas de opresión. Seamos claras sobre quién es nuestro enemigo real, para poder enfrentar los problemas que causa el capitalismo y el patriarcado: la miseria, la desnutrición severa, la opresión, los feminicidios, etc.

Es por ello que, en todos los espacios donde coincidamos, hay que construir poder popular feminista, para resistir y combatir al patriarcado y al capitalismo.

Publicado por Voces

Investigación y periodismo. Contamos historias.

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