La Interpol y los casos contra Correa en Ecuador

Lenín Moreno centró su estrategia política en proscribir a su predecesor, pidiendo su captura internacional. ¿Por qué la Interpol no emite alertas rojas en contra de Correa?

Abogado y político ecuatoriano

Por Ramiro Aguilar Torres

La pregunta que flota en el aire cada vez que la justicia ecuatoriana dicta una nueva orden de prisión en contra del expresidente Rafael Correa es la siguiente: ¿Por qué la Interpol no acepta los pedidos del Ecuador y se niega a emitir alertas rojas para la detención del expresidente?

Ayer, apenas salía de un examen médico algo complejo, acepté la llamada de una periodista ecuatoriana que me hizo esta pregunta. A pesar de lo incómodo del momento, cortésmente, me di el tiempo de explicárselo fuera de micrófonos. No veo el canal para el cual trabaja la señorita; pero me parece útil explicárselo a la gente a través de estas líneas.

La Organización Internacional de Policía Criminal, más conocida por sus siglas Interpol, en su página web: https://www.interpol.int/es/Quienes-somos/Que-es-Interpol, explica claramente que es una organización intergubernamental que tiene actualmente 194 países miembros; y que tiene como finalidad la asistencia recíproca de las autoridades de policía criminal.

Como todo organismo internacional no actúa de manera caprichosa, sino que se rige por la normativa interna dictada por su Asamblea General.

Uno de los documentos sobre los que basa su accionar son Las Reglas de Interpol sobre Procesamiento de Datos, el cual establece lo siguiente:

Antes de cualquier registro de datos en una base de datos policial, la Interpol se asegurará de que los datos cumplan con el Artículo 3 de la Constitución de la Organización.

Para determinar si los datos cumplen con el Artículo 3 de la Constitución, se examinarán como datos relevantes, elementos tales como:
(a) Naturaleza del delito, a saber, los cargos y los hechos subyacentes;
(b) El estado de las personas interesadas;
(c) Identidad de la fuente de los datos;
(d) La posición expresada por otra Oficina Central Nacional u otra internacional entidad;
(e) Obligaciones en virtud del derecho Internacional;
(f) Implicaciones para la neutralidad de la Organización;
(g) El contexto general del caso “.

A su vez el Art. 83 de las Reglas de Interpol sobre Procesamiento de Datos, dice que las alertas rojas solo se harán efectivas cuando se haya proporcionado datos judiciales suficientes que deberán incluir, al menos, el resumen de los hechos del caso con una descripción sucinta y clara de las actividades delictivas de la persona buscada, incluida la hora y el lugar del presunto hecho criminal.

Como ustedes pueden apreciar, no basta el pedido de difusión o alerta roja, para que la Interpol actúe. La Organización de Policía Criminal se ha reservado la facultad de revisar el caso concreto; y en caso de que observe que existe un interés político en la judicialización de la persona cuya detención se pide, sencillamente le dice al país requirente: Vaya con Dios; pero con nosotros no cuente.

La cuestión es: ¿Son tan poco profesionales los jueces y fiscales ecuatorianos que, aun sabiendo que la Interpol va a usar un alto estándar en la validación de la orden de prisión o sentencia, siguen haciendo el ridículo?

¿De qué sirve una sentencia u orden de prisión que no puede ser ejecutada en el extranjero?

Para fines de la justicia penal no sirve para nada; pero para efectos del lawfare, guerra judicial o judicialización del conflicto político, vale oro. El único propósito de una sentencia de cartón, desechable a nivel internacional es que no sirva a ese nivel, sino que surta efectos políticos en el Ecuador. Y ese efecto político es uno solo, sacar del juego democrático a Rafael Correa (o ponga aquí el nombre que usted quiera).

Me contaba un amigo una anécdota que puede ser cierta o no; por lo tanto, la refiero como lo que es, una anécdota: Hace años salió de Guayaquil un barco de la Armada hacia Panamá a comprar mercadería para los comisariatos navales. Obviamente era un barco de guerra y como tal debía atracar en un lugar específico de los muelles panameños. Como el barco iba vacío, el capitán accedió –informalmente- a transportar hacia Panamá a un circo que había terminado su temporada en Ecuador. Cuando el barco llegó a Panamá, obviamente no pudo desembarcar al circo en los muelles militares y se armó un lío enorme. Cuando al año siguiente llegó el mismo barco a Panamá, la primera comunicación que se oyó en la radio del navío ecuatoriano fue: No traen otro circo, ¿verdad?

Cada vez que leo que la Interpol niega ciertas difusiones rojas pedidas por Ecuador contra sus expresidentes, indefectiblemente me acuerdo del navío ecuatoriano llegando a Panamá y la llamada de radio: No traen otro circo, ¿verdad?

Si usted es de los que simplemente quiere que Correa no sea candidato el 2021, quédese conforme, las sentencias y órdenes de prisión surtirán el efecto que buscan. No obstante, no se enojará si después las Cortes Internacionales sancionan al Ecuador. No soy yo quien debe decir si Rafael Correa suda agua bendita o si metió la mano en el erario público. Lo que pedimos quienes luchamos por la institucionalidad democrática es que se condene con pruebas y se repatrie el dinero mal habido; o de lo contrario, se respeten los derechos políticos y el debido proceso.

Publicado por Voces

Investigación y periodismo. Contamos historias.

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